“Exigimos un gobierno para una agenda social. Es hora de dejar la política del regate corto”

    11/11/2019.

    Los resultados de las elecciones generales vuelven a dejar unas Cortes Generales fragmentadas, con cambios en la composición de fuerzas dentro de los bloques políticos, progresista y conservador.

    La nueva convocatoria de elecciones ha dado como resultado una nueva mayoría progresista en el Congreso. En un momento de excepcionalidad política –con cuatro convocatorias electorales en cuatro años, y con un ambiente muy condicionado por los acontecimientos tras la sentencia del Supremo respecto al procès– los tres partidos de la derecha no tienen opciones matemáticas ni políticas de gobernar. Y este es un elemento destacable.

    Sin embargo, la mayoría progresista es más precaria que tras las elecciones del 28 de abril, produciéndose prácticamente a votos entre los bloques si por ellos entendemos al progresista (PSOE, UP y MP) y conservador (PP. VOX y Cs).

    Hay que felicitar al PSOE por su victoria electoral que, sin embargo, debe ser matizada. Tanto este partido como Unidas Podemos han bajado su representación y han perdido votos, con un importante crecimiento de la abstención, por lo que obviamente ha habido un castigo del electorado progresista a la gestión de los resultados del 28 de abril, que debieran leer tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias.

    Pero sin duda lo más preocupante de estas elecciones ha sido el incremento en votos, que se ha reflejado en escaños, de una opción de ultraderecha que, situándose fuera del marco constitucional, abandera un discurso rabiosamente antisocial, xenófobo y misógino. El tiempo determinará si lo que ha impulsado a Vox hasta el 15% de los votos es básicamente la situación generada tras la sentencia del Tribunal Supremo sobre el denominado procès, o sus cimientos tienen más causas y se termina por configurar como la opción ultra que existe en otros países de Europa.

    En general, se aprecia un reforzamiento de los partidos nacionalistas o de base territorial –en un momento en que las estrategias políticas de unos y otros no tienen nada que ver, dicho sea de paso– y de una cierta tendencia centrífuga del voto. Esto se puede apreciar en la evolución del BNG en Galicia, del PNV y Bildu en Euskadi, o la correlación de fuerzas entre ERC, JxCAT y la CUP, incluso en el reforzamiento de Coalición Canaria o el surgimiento de Teruel Existe.

    Esta tendencia centrífuga tiene que ver, además de con la diversidad de nuestro país, con la incapacidad de plantear respuestas estratégicas a los retos de la ciudadanía que dé respuesta a sus problemas desde la política general, empezando por las consecuencias de la desaceleración económica y la enorme precariedad laboral y vital en la que viven millones de ciudadanos/as.

    Necesitamos estrategias políticas de vertebración de país que aborden la lucha contra la desigualdad, los problemas territoriales y de financiación, las reformas de la fiscalidad, la garantía del futuro de las pensiones… El escenario es más complicado que ayer, pero las fuerzas políticas progresistas están en la obligación de intentarlo.

    Es necesaria una hoja de ruta programática sobre la que articular una mayoría parlamentaria. En el próximo Congreso va a haber una mayoría de izquierdas que puede pactar proyectos legislativos respecto a reforma laboral, pensiones, fiscalidad etc. Pero para ello hay que salir del regate corto y las posiciones inamovibles. Volver a empezar la discusión sobre el desbloqueo político desde el debate monográfico sobre cómo componer el Gobierno puede ser el camino más rápido para un nuevo bloqueo que, además, agravaría la desafección de la política que se explica sobre sí misma, y no sobre los problemas reales de la ciudadanía y de las trabajadoras y trabajadores.

    Es hora de la responsabilidad política. La clase trabajadora de este país no está para demorar más tiempo la constitución de un gobierno con un programa progresista y una mayoría viable para llevarlo a cabo. El movimiento sindical será exigente y proactivo en este objetivo. Hay mucho en juego. Entre otras cosas no seguir alimentando a la ultraderecha.

    Queremos políticas sociales que ofrezcan expectativas de futuro a amplias capas sociales que viven precarizadas y con inseguridad. CCOO se compromete a trasladar a la sociedad española las prioridades sociolaborales y socioeconómicas que debieran constituir la espina dorsal de una acción de gobierno basado en una agenda social, de cohesión social como base para afrontar los complejos problemas que tiene España, y de medidas ante la desaceleración económica.

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