Clara Rodríguez: Cuando el activismo sindical cosecha sus frutos

    23/09/2019.
    Clara Rodríguez

    Clara Rodríguez

    Clara Rodríguez Casanueva es el prototipo de mujer tenaz, luchadora y valiente. La vida le asestó un golpe terrible al quedarse viuda cuando apenas había alcanzado la cuarentena, con una hija que en aquel momento era una niña de tan sólo 11 años.

    Aunque reconoce que en aquellos momentos no tenía un “gran espíritu combativo”, no le quedó otro camino que ponerse el mundo por montera y trabajar, trabajar y seguir trabajando para sacar a su hija adelante. Comenzó como empleada de hogar, conciliando como podía, “nunca ha sido nada fácil”, los horarios de su hija con su trabajo y, una vez que su hija fue más independiente, buscó un trabajo más estable en la residencia de Caja Cantabria, donde durante cuatro años fue alternando su labor en limpieza, cocina y lavandería.

    Fue ahí donde tuvo conciencia por primera vez de la importancia que tenía pertenecer a un sindicato con el que defender de forma conjunta sus derechos como trabajadora. Gracias a sus compañeras de cocina, de las que recuerda su “carácter reivindicativo” y su capacidad de “conseguir mejoras”, comenzó a sentirse parte de un colectivo que “unido es capaz de conseguir grandes victorias”.

    Su implicación sindical más activa llegó con su paso a la Clínica Madrazo, hoy Sanitas, donde desembarcó hace ya 12 años para ocuparse de labores de limpieza y cocina fundamentalmente. “Fue en este centro donde desde Comisiones Obreras me animaron a presentarme como delegada pues el sindicato en ese momento no tenía representación. Yo ya entonces era muy combativa, me peleaba con la dirección porque me parecía que nos tenían en el vagón de cola y no eran conscientes de que sin nosotras no se podía hacer el trabajo. Así que acepté y llevo ya ocho años peleando como delegada para conseguir mejorar la calidad laboral de los y las trabajadoras pero también las condiciones de vida de los usuarios y usuarias de este centro”, apunta.

    Su activismo sindical no ha caído en saco roto. Ha sido vital para conseguir muchas cosas que, aunque puedan parecer mínimas, han repercutido de forma indiscutible en la mejora de las condiciones laborales de quienes desarrollan su labor profesional en este centro.

    “A lo largo de este tiempo hemos conseguido grúas, un carro de limpieza por planta –algo fundamental en una residencia que es absolutamente vertical-, luz en la lavandería, un nuevo lavaplatos, gel desinfectante, mascarillas, que se minimicen las jornadas partidas…”, enumera Clara Rodríguez, que confiesa que son pequeños avances que hacen más llevadero el trabajo en un sector, el de la Dependencia, que mueve mucha gente.

    El problema, dice, es que “ es un sector donde la gente está de paso, no se quiere quedar porque es un trabajo muy duro y poco valorado”. Por eso, reivindica, es “esencial” la representación sindical. “Hay que estar ahí, dar caña para que no nos ninguneen y perdamos nuestros derechos. Yo estoy convencida de que si no hubiéramos tenido representación sindical y no se hubiera peleado, nos hubieran impuesto la jornadas de 12 horas. Yo como delegada me opuse totalmente y luché con uñas y dientes para quitarles la idea de la cabeza porque la época de la esclavitud ya pasó. Logramos que nuestra jornada sea de seis días y siete horas y media, además de festivo trabajado, festivo descansado. Es un triunfo que hay que valorar como se merece”, señala orgullosa.

    Clara dice que su referente son todos y todas las usuarias a las que ahora atiende. “Ellos fueron la generación que salió a luchar por sus derechos. Es el faro donde tenemos que mirar. Hay que pelear pero para conseguirlo tenemos que estar todos unidos, salir a las calles. Las cosas no se arreglan solas”, concluye.

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